“Se sienta a las cinco y son las nueve y todavía está con los deberes.”
Es una frase que escuchamos muchísimo.
Y cuando ocurre día tras día, es normal que en casa aparezca la preocupación: ¿tiene demasiados deberes?, ¿se distrae?, ¿le cuesta más que a los demás?, ¿no sabe estudiar?, ¿debería ayudarle más?
La respuesta no siempre está en la cantidad de deberes. Muchas veces el problema está en cómo está utilizando ese tiempo.
Estar muchas horas sentado no significa estar muchas horas estudiando
Un alumno puede pasar tres horas delante de un libro y haber trabajado de forma efectiva bastante menos.
Levantarse continuamente, mirar el móvil, quedarse pensando en otra cosa, empezar un ejercicio y abandonarlo, borrar constantemente, buscar apuntes, cambiar de asignatura sin terminar…
Todo eso hace que una tarea que podría ocupar cuarenta minutos termine ocupando dos horas.
Por eso, antes de pensar que un niño “necesita estudiar más”, conviene observar qué hace realmente durante el tiempo de estudio.
A veces el problema empieza porque no ha entendido la materia
Hay alumnos que tardan muchísimo haciendo los deberes porque realmente no saben cómo empezar.
Intentan resolver un ejercicio de Matemáticas sin comprender el procedimiento.
Leen varias veces una pregunta de Lengua sin saber qué les está pidiendo.
O intentan memorizar una página de Ciencias que previamente no han entendido.
En estos casos, el tiempo aumenta porque el alumno está intentando avanzar sin tener una base clara.
Y estudiar así resulta agotador.
También puede faltar método
Muchos niños llegan a Secundaria habiendo estudiado principalmente de memoria.
Mientras el contenido es pequeño, puede funcionar.
El problema aparece cuando aumentan los temas, las asignaturas y la cantidad de información.
Entonces estudiar deja de consistir simplemente en “leer muchas veces”.
Hay que aprender a:
- distinguir las ideas importantes;
- organizar la información;
- hacer esquemas útiles;
- comprender antes de memorizar;
- practicar;
- repasar correctamente;
- y distribuir el trabajo durante varios días.
Estas habilidades no siempre aparecen solas. También se aprenden.
La concentración también se entrena
Pretender que un niño pase tres horas seguidas completamente concentrado es poco realista.
Funciona mucho mejor dividir el trabajo.
Por ejemplo, realizar un periodo de trabajo intenso, hacer una pequeña pausa y continuar después.
Pero hay una condición importante: la pausa tiene que ser realmente una pausa corta.
Si durante ese descanso comienza a ver vídeos, jugar con el móvil o ponerse con otra actividad que le absorbe completamente, volver a concentrarse puede resultar mucho más difícil.
“Tiene examen el jueves” no significa empezar el miércoles
Otra causa frecuente de las tardes interminables es acumularlo todo para el último momento.
Cuando un alumno tiene que hacer deberes, estudiar un examen completo y preparar además otra asignatura en una misma tarde, el problema ya no es solo de concentración.
Es también de planificación.
Acostumbrarse a mirar los exámenes con antelación y repartir el estudio reduce muchísimo la carga diaria.
Diez o quince minutos de repaso varios días pueden ser mucho más efectivos que varias horas la noche anterior.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
No existe un número exacto de minutos que sirva para todos los alumnos.
Depende de la edad, del curso, de la dificultad de las materias y del momento del año.
Pero sí conviene observar la situación cuando prácticamente todas las tardes se convierten en una batalla, el alumno necesita constantemente a un adulto a su lado, termina muy tarde de forma habitual o dedica muchas horas y aun así los resultados no corresponden con el esfuerzo.
En ese momento merece la pena averiguar qué está fallando.
Porque muchas veces la solución no consiste en añadir más horas.
Consiste en conseguir que las horas que ya dedica sean mucho más eficaces.
Antes de decirle “concéntrate”, observa qué necesita
“Concéntrate.”
“Estudia.”
“Date prisa.”
Son frases que todos hemos utilizado alguna vez.
Pero para un alumno que no sabe organizarse, no entiende lo que está estudiando o no tiene una estrategia clara, esas instrucciones dicen muy poco.
Enseñarle cómo empezar, cómo dividir la tarea y cómo comprobar que realmente ha aprendido puede marcar mucha más diferencia.
En Academia Arquimedianos trabajamos precisamente para que nuestros alumnos no solo resuelvan los deberes del día, sino que vayan adquiriendo herramientas para comprender mejor las materias, organizarse y estudiar con cada vez más autonomía.
Porque estudiar más horas no siempre significa estudiar mejor.
Y aprender a estudiar también forma parte del aprendizaje.
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