No siempre es fácil saber cuándo un niño necesita ayuda extra.
A veces las notas bajan de repente. Otras veces aprueba, pero cada tarde estudiar se convierte en una pelea. También puede ocurrir que dedique muchísimas horas a los deberes y, aun así, los resultados no acompañen.
Y entonces aparece la duda: ¿necesita clases de apoyo escolar o simplemente tiene que esforzarse un poco más?
La respuesta no depende únicamente de las notas.
1. Dedica muchas horas, pero el resultado no corresponde con el esfuerzo
Este es uno de los signos más claros.
Hay alumnos que estudian muchísimo. Se sientan toda la tarde, hacen ejercicios, leen los temas una y otra vez… pero después llega el examen y la nota no refleja todo ese trabajo.
En estos casos, muchas veces el problema no es la falta de esfuerzo.
Puede que no haya entendido bien algunos conceptos, que esté estudiando de memoria sin comprender o que simplemente no sepa cómo estudiar de una forma eficaz.
Añadir todavía más horas normalmente no soluciona el problema.
Hay que cambiar la manera de trabajar.
2. Empieza a acumular pequeñas lagunas
En algunas asignaturas, especialmente en Matemáticas, Física, Lengua o Inglés, los contenidos están muy relacionados entre sí.
Si un alumno no domina una parte, el siguiente tema puede resultarle todavía más difícil.
Y después el siguiente.
Una pequeña duda que parecía poco importante en octubre puede convertirse meses después en una dificultad bastante mayor.
Por eso el apoyo escolar puede ser especialmente útil cuando permite detectar esas lagunas antes de que se acumulen.
3. Necesita constantemente a un adulto para hacer los deberes
“Mamá, ¿qué tengo que hacer aquí?”
“Papá, no entiendo este ejercicio.”
“Ven un momento.”
Si esto ocurre de manera puntual, entra dentro de lo normal.
Pero si prácticamente todos los días necesita que alguien esté sentado a su lado para avanzar, probablemente todavía no tiene suficiente autonomía para enfrentarse solo a las tareas.
El objetivo del apoyo no debería ser hacer los deberes por él.
Debería ser justo lo contrario: darle las herramientas necesarias para que cada vez dependa menos de los demás.
4. Los deberes se están convirtiendo en un conflicto diario
Cuando cada tarde aparecen discusiones, frustración, llantos o enfados alrededor del estudio, conviene mirar un poco más allá.
A veces lo que desde fuera parece falta de ganas es simplemente un alumno que se siente perdido.
Cuando alguien lleva tiempo sin entender una asignatura, es bastante normal que empiece a evitarla.
No porque no quiera aprender, sino porque cada vez que se enfrenta a ella siente que no sabe hacerlo.
Recuperar la seguridad también forma parte del aprendizaje.
5. Dice constantemente: “Yo esto no sé hacerlo”
Hay una diferencia importante entre:
“No quiero hacerlo”
y
“No sé hacerlo”.
Aunque a veces puedan sonar parecido.
Cuando un alumno empieza a repetir frases como “soy malo en Matemáticas”, “a mí el Inglés se me da fatal” o “yo nunca voy a aprobar”, hay que prestar atención.
Porque el problema ya no está afectando únicamente a una asignatura.
También empieza a afectar a la confianza que tiene en sí mismo.
6. Las notas han bajado de forma continuada
Un suspenso aislado no significa necesariamente que un niño necesite clases de apoyo.
Todos podemos tener un examen malo.
Lo importante es observar la tendencia.
Si los resultados empiezan a bajar durante varias semanas o varias evaluaciones, quizá conviene intervenir antes de esperar a que el problema sea mucho mayor.
No hace falta esperar a junio para buscar una solución.
7. Ha cambiado de etapa educativa
El paso de Primaria a Secundaria suele ser uno de los momentos en los que más dificultades aparecen.
De repente hay más profesores, más asignaturas, más exámenes y mucho más contenido que organizar.
Alumnos que durante Primaria estudiaban prácticamente el día anterior pueden descubrir que esa estrategia ya no funciona.
Y no significa que sean menos capaces.
Simplemente necesitan aprender una forma nueva de trabajar.
Entonces, ¿cuándo debería buscar ayuda?
No existe una regla universal.
Pero si varios de estos signos aparecen de forma habitual, merece la pena valorar qué está ocurriendo.
Y cuanto antes se detecte la dificultad, normalmente más sencillo será corregirla.
El apoyo escolar no debería utilizarse únicamente cuando un alumno ya ha suspendido varias asignaturas.
También puede servir para prevenir dificultades, consolidar contenidos, mejorar la organización y conseguir que el alumno trabaje con mayor seguridad y autonomía.
Las clases de apoyo no deberían consistir simplemente en hacer deberes
Para nosotros, esta es una diferencia importante.
Hacer los ejercicios que manda el colegio puede formar parte de una clase, pero no debería ser su único objetivo.
Un buen apoyo escolar debe ayudar al alumno a entender por qué se equivoca, reforzar aquello que no domina, enseñarle a estudiar y conseguir que poco a poco necesite menos ayuda.
Porque el objetivo final no es que un niño necesite una academia toda su vida.
Es que aprenda a desenvolverse cada vez mejor por sí mismo.
En Academia Arquimedianos, trabajamos con nuestros alumnos intentando detectar qué hay detrás de cada dificultad: si falta comprensión, práctica, organización, método de estudio o simplemente alguien que vuelva a explicárselo de otra manera.
Porque muchas veces un alumno no necesita estudiar más.
Necesita que alguien le enseñe cómo hacerlo mejor.
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